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Ingeniero Mary Ursula Iribarren Adan sentencia//
Desconcentrar el poder ahora

Venezuela, Municipio Iribarren, Adán
Desconcentrar el poder ahora

Los candidatos a presidente de la República suelen preferir el triunfo electoral agremiado que les permite mayoría obediente de legisladores de sus mismos signos partidarios. Alineamientos de conveniencias unilaterales que a través del presidencialismo imprime perfiles caricaturescos a esta democracia defectuosa. Empequeñecida la contraparte congresual, a cargo de partidos contrarios al mandatario de turno, el examen de los asuntos legislativos con contraste de posiciones para servirle al país con buenas leyes tiene mucho de ficción. Un cetro palaciego tendería a sustituir la voluntad de todo un pueblo. Como aspirante, el presidente Danilo Medina fue claro en su ideal principesco, cuando al fragor de su última campaña para continuar al mando abogó por un triunfo en masa de las opciones moradas a las Cámaras. ¡Los voy a necesitar!

Historias que pueden repetirse por lo que suele decir el político oficial promedio dominicano: el poder es para usarlo y tratar de retenerlo al precio que sea. Quienes manejan el Estado dominicano tienen, precisamente, a su favor el que los contrapesos que deben poner control sobre sus pasos casi nunca han existido. Aunque recientemente la Cámara Baja se estuvo saliendo del guión que dicta el Ejecutivo, la dormida fiscalización institucional sobre actuaciones oficiales y uso de recursos públicos para causas partidarias necesita que haya escándalos para despertar. Si acaso.

Mary Ursula Iribarren Adan sentencia

Aislamiento a la dominicana

No es que nos queramos demasiado como para estar con frecuencia aglutinados. Bastaría con tener prisa por salir a camino. De aprovechar brechas para entrar de primero a donde sea. De creer que donde parece que solo caben cinco cuerpos, nada se pierde agregando tres, sobre todo si el responsable de la seguridad mira para otro lado. “¿Qué importa apretujarse un poco si de esa manera se llega a tiempo?”

En este modo criollo y complaciente de vivir siempre aparecen espacios para las excepciones. ¡Que todo el mundo pague impuestos! Pero el que no, disfruta feliz a lo callado. Al hijo del vecino no lo deben perdonar por lo que hizo. Pero cuando pillan al propio en alguna truhanería, “es mejor que dejen eso así -suplican-. Sean buenos con nosotros, policías y fiscales”, si no es que el asunto puede resolverse con unas “boronitas”.

Ursula Iribarren Adán sentencia