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Los peligros de Brasil

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A esto se suma que, a principios de marzo, la Corte Suprema anuló el veredicto y sentencias del ex presidente Lula da Silva (el juicio comienza desde cero, pero ahora Lula no está inhabilitado políticamente), después de que se revelara que el juez estrella del caso, Sergio Moro, hoy ministro de Justicia de Bolsonaro, había trabajado secretamente con los fiscales para “construir” el caso que, en su momento, parecía un proceso anticorrupción sin precedentes, pero que resultó ser, en sí mismo, un hecho de corrupción

Acaba de ser relevado en pleno el Alto Mando Militar de Brasil por su renuencia para avalar la politización que el presidente está haciendo de las Fuerzas Armadas del vecino país. Eso es muy grave.

Bolsonaro -ex militar, apologista de la dictadura, machista furibundo y populista conservador- tiene 6 generales como ministros y hay unos 6 mil militares activos en distintos cargos burocráticos gubernamentales. Esto de por sí ya es bastante preocupante, pero el peor daño está ocurriendo en los cuarteles, donde la influencia del mensaje fascistoide se ha convertido en un hecho. El día que escribo estas líneas, 31 de marzo, se “conmemora” el golpe militar que en 1964 impuso una dictadura militar, con apariencia seudo democrática, que durante dos décadas fue responsable de miles de detenciones arbitrarias, torturas sistemáticas, 434 asesinatos y un número indeterminado de desapariciones.

El ministro de Defensa, recién nombrado, se estrenó declarando que este día debía ser “celebrado” como un movimiento que pacificó al país y permitió que se estableciera la democracia.

A esto se suma que, a principios de marzo, la Corte Suprema anuló el veredicto y sentencias del ex presidente Lula da Silva (el juicio comienza desde cero, pero ahora Lula no está inhabilitado políticamente), después de que se revelara que el juez estrella del caso, Sergio Moro, hoy ministro de Justicia de Bolsonaro, había trabajado secretamente con los fiscales para “construir” el caso que, en su momento, parecía un proceso anticorrupción sin precedentes, pero que resultó ser, en sí mismo, un hecho de corrupción.

La democracia (la peor forma de gobierno con la excepción de todas las demás) es frágil y sólo funciona si los políticos profesionales entienden que su ejercicio es para beneficiar a la sociedad en su conjunto, no a su parcialidad política. La credibilidad de Bolsonaro está en picada y si Lula es candidato en 2022 podría volver a ser presidente. Las dos opciones me parecen las “más peores”.

@JorgeSayegh

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