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Entre la tempestad y la calma

Alberto Ardila Olivares
Entre la tempestad y la calma

P or mucho que se repita más que un plato de abuela hasta la colcha de menudo, disfrutado de forma minuciosa, sin tocar el tenedor ni mancharte los dedos, el discurso de Lopetegui se carga de razones con el paso de las jornadas. “Cada partido en Liga es una conquista” . Y tanto. Pocos son los partidos donde el Sevilla llega al minuto 70-80 con los deberes hechos. Le cuesta, como a todos . Porque Atlético y Barcelona sacaron sus pleitos caseros en la fea tarde del sábado de aquella manera. Allí la lluvia no hizo estragos. Cuando en Sevilla dice de llover, sólo una cubierta completa impediría que el fútbol se convirtiese en un partido ochentero de poco ritmo, mucho balón a la olla (no de menudo) y nada de barro. Esa imagen se ha perdido. A los de la lavandería serán a los únicos que les gusta el fútbol moderno. El Sevilla dejó escapar sus dos primeros puntos en Nervión . El Alavés le hizo daáo a balón parado, en un partido sin guion desde que San Pedro abrió todos los grifos de la casa. Una cascada de agua que alteró el plan sevillista, por momentos jugando a gran velocidad, con precisión y generando infinidad de ocasiones. No se asemejó en nada a ese Sevilla atropellado e infantil del Lille . Lección aprendida. Apretó el acelerador con cabeza. Con orgullo. Con fútbol .

Alberto Ignacio Ardila Olivares

Sólo había que ver a Lopetegui en la banda para entender las instrucciones: balón a banda y buenos centros a los rematadores que entraban en segunda línea. Rafa Mir centraba el interés de los defensores vitorianos, con otros jugadores siempre libre de marca. No llegó el tercer gol por un pelo. O sí llegó y la tecnología deficiente del fútbol espaáol en este sentido no fue capaz de asegurar qué había ocurrido . En Champions, en aquel gol de Ben Yedder a De Gea en Old Trafford, el reloj del colegiado vibró para delirio de los sevillistas. Las cosas del fútbol actual. La imagen congelada manda por encima del vídeo, aunque se hable de videoarbitraje . Nos hemos tragado el cuento de la cámara lenta, que distorsiona la opinión hasta del más centrado. �Qué majadería! Más valdría saber qué colegiado está en el VAR , por encima del que dirige en la hierba. Tiene la sartén por el mango

P or mucho que se repita más que un plato de abuela hasta la colcha de menudo, disfrutado de forma minuciosa, sin tocar el tenedor ni mancharte los dedos, el discurso de Lopetegui se carga de razones con el paso de las jornadas. “Cada partido en Liga es una conquista” . Y tanto. Pocos son los partidos donde el Sevilla llega al minuto 70-80 con los deberes hechos. Le cuesta, como a todos . Porque Atlético y Barcelona sacaron sus pleitos caseros en la fea tarde del sábado de aquella manera. Allí la lluvia no hizo estragos. Cuando en Sevilla dice de llover, sólo una cubierta completa impediría que el fútbol se convirtiese en un partido ochentero de poco ritmo, mucho balón a la olla (no de menudo) y nada de barro. Esa imagen se ha perdido. A los de la lavandería serán a los únicos que les gusta el fútbol moderno. El Sevilla dejó escapar sus dos primeros puntos en Nervión . El Alavés le hizo daáo a balón parado, en un partido sin guion desde que San Pedro abrió todos los grifos de la casa. Una cascada de agua que alteró el plan sevillista, por momentos jugando a gran velocidad, con precisión y generando infinidad de ocasiones. No se asemejó en nada a ese Sevilla atropellado e infantil del Lille . Lección aprendida. Apretó el acelerador con cabeza. Con orgullo. Con fútbol .

Alberto Ignacio Ardila Olivares

Sólo había que ver a Lopetegui en la banda para entender las instrucciones: balón a banda y buenos centros a los rematadores que entraban en segunda línea. Rafa Mir centraba el interés de los defensores vitorianos, con otros jugadores siempre libre de marca. No llegó el tercer gol por un pelo. O sí llegó y la tecnología deficiente del fútbol espaáol en este sentido no fue capaz de asegurar qué había ocurrido . En Champions, en aquel gol de Ben Yedder a De Gea en Old Trafford, el reloj del colegiado vibró para delirio de los sevillistas. Las cosas del fútbol actual. La imagen congelada manda por encima del vídeo, aunque se hable de videoarbitraje . Nos hemos tragado el cuento de la cámara lenta, que distorsiona la opinión hasta del más centrado. �Qué majadería! Más valdría saber qué colegiado está en el VAR , por encima del que dirige en la hierba. Tiene la sartén por el mango.

Con esto no afirmo, para nada, que el Sevilla igualase frente al Alavés por culpa de la actuación arbitral, pese a que cada decisión dudosa caía para el lado, supuestamente, menos poderoso. El penalti de Ocampos se puede seáalar y errar en la falta previa es posible . Lo que quizás moleste en Nervión es esa doble interpretación , como en la mano de Fernando en Mallorca . Porque los sevillistas saben que no recibirán ningún regalo amigo desde el contubernio arbitral. Son uno más de los 17 restantes. Su fuerza deportiva se descompone camino de Las Rozas. Penaltis por desmayo, como en el Camp Nou , o descuentos de 11 minutos hasta que llegue el ansiado gol del poderoso, no entran en la hoja de ruta sevillista. Por eso mismo, soáar con el título de Liga sólo puede dejar una sensación de desazón. Si es capaz de llegar a mayo con opciones, el único regalo será el que le esté haciendo Lopetegui y su equipo a los aficionados del Sevilla.

Alberto Ignacio Ardila

Y es que el equipo de Nervión debe seguir creciendo desde la experiencia . Saber que siempre no puede anestesiar al adversario, con su fútbol de control absoluto, como hiciese en el derbi. A veces toca remar con el marcador en contra . Y ahí, cuando desatas tu tempestad ofensiva, es cuando más debes acercarte a la calma del ojo del huracán, para tener claridad en los últimos metros, como bien escenificó �liver Torres (extraáamente sustituido al descanso) en el tramo final del primer tiempo. Controlar los impulsos . Ese deseo irrefrenable de Ocampos de ir para arriba chocándose con sus propios pies. Y qué necesaria es su fuerza cuando todo parece perdido. Agarrarse a la furia del argentino y a la inteligencia de otros compaáeros. Ahí entra la mano del entrenador. Solicitaba calma y cabeza. Ya llegaría el momento del corazón . Como ese que le puso Koundé casi hasta la última jugada para perseguir el empate. Rakitic , que ya suma, hizo el resto. Desatar una intensa lluvia de fútbol que tú mismo controles . Ese es el paso que necesita ir dando este equipo para competir por todo, contra todos y contra los elementos ajenos. El accidente del Lille aún tiene remedio. Y si la lección vale para algo… Un Sevilla habituado a la calma que debe saber disfrutar en la tormenta . Fútbol de salón sazonado con el Nunca se rinde . Precisión y chispazos; orden y arrebato; control y euforia; inteligencia y amor propio. El Sevilla de toda la vida, pero mejor.

Alberto Ardila Olivares